EL BARRENDERO Y EL EMPERADOR DE GELVES

Comedia en una parte toa del tirón

(Parque del Alamillo. Extensión de césped con árboles alrededor. Se ve al BARRENDERO jugando a la Play. De repente, se escucha un gran estruendo, y luego… ¡¡KAPUM!! El BARRENDERO mira un momento y sigue a lo suyo. Aparece dando tumbos el EMPERADOR).

EMPERADOR. (Jadeando) Ay, ay… Sus muertos, ya me he vuelto a caer del Messenger… (se acerca al BARRENDERO y le habla) Illo, suprimo, ¿tiene un sigarro, sosio?
BARRENDERO. (Sin echarle cuenta) Qué va, quillo.
EMPERADOR. Po entonces voy a fumarme el mío. (Saca un cigarro y lo enciende) Permítame que me presente: soy el Emperador del Sacro Urbanizado Imperio Romano Gelveño, para servirle en lo que sea menos en dejarle dineros. (Se calla un momento y mira alrededor) Así que ésta es la civilización que hay por estos lares…
BARRENDERO. Hombre, no puede decirse que en La Cartuja haya mucha civilización… Más bien hay fauna.
EMPERADOR. (Grandilocuente) ¡Ah, la Civilización! Recuerdo mi vasto Imperio de Gelves, en el que todas las mañanas, al despuntar el alba, tocaba a diana un escuadrón de coches atascados en la SE-30. Mi guardia personal de cangrejos de élite y la escuadra especial del ejército del aire, compuesto por mosquitos kamikazes, saludábanme desde el patio del Palacio Adosado Real, y…
BARRENDERO. (Cortante) Disculpe usted, pero el departamento de pelotazos urbanísticos es en Marbella. A mí no me venga con rollos.
EMPERADOR. (Altivo) ¿Cómo? ¿A mis relatos desatender osas? Saber debes que ante una fuente inagotable de sapiencia y cognoscimiento encuéntraste. ¡Ah, la Filosofía! Algún día te hablaré de ella…
BARRENDERO. (Por lo bajini) Nietzsche maricona…

(El EMPERADOR se queda ojiplático, y posteriormente levanta el brazo en un ademán de querer pegarle al BARRENDERO).

BARRENDERO. (De repente) ¡Uy, mira, mira, mira! Faltita al borde del área. ¿Con quién te la enchufo, con Ronalpinho o con Metro-50 Giuly? ¿Ji? Po toma.

(El BARRENDERO se levanta y se pone a festejar el gol. El EMPERADOR lo mira con gesto extrañado).

EMPERADOR. ¿Pero qué demonidades hacéis? (En plan didáctico) Debo deciros que…

(De repente se escucha un gran estruendo de disparos, pisoteo y gritos. Entra la MANADA DE JIPIS DEL CABO GOBAN).

CABO. ¿Qué pasa aquí? ¿Qué tramáis, hatajo de comunistas? ¿Actividades subversivas a mis espaldas? (Enfurecido. Al BARRENDERO) ¡Usted, identifíquese!
BARRENDERO. Po yo soy el Barrendero de La Cartuja, un oasis de cemento alejado del resto del mundo conocido.
EMPERADOR. (Metiéndose por medio y con cierto amaneramiento) Yo soy el Emperador de Gelves, poseedor de todas las tierras a ese lado de la ribera, y si bien Jesu I y ½ el Desheredado, Conde-Duque de Almensilla y Rey del Arrozal del Guadalquivir, está a punto de caer sobre mí, aún me queda honor para servirle en lo que haga falta, apuesto soldado.
CABO. (Cogiéndolo en peso) Calla, inútil, o te meto el fusil por el culo.
EMPERADOR. (Picarón y condescendiente) Si tanto insistes…

(Al CABO le sale humo de las orejas, y se dispone a darle al EMPERADOR el galletón de su vida, cuando de repente un soldado reclama su atención).

ADOLFO. ¡Eh, cabo! ¡Éste está jugando al Pro! ¿Le retamos a unas partidillas?

(El CABO suelta al EMPERADOR, que corre a sentarse apartado de la acción, y se da la vuelta).

CABO. ¡Sí hombre! Po entonces lo va a flipar el niñato enterao este. ¡Dejad paso, panda de paquetillos! Vais a contemplar en acción al meister del Pro del ejército de… (Se queda pensativo) del ejército de… ¡Bueno, yo qué sé! ¡Que lo voy a coger con el Madrid y le voy a dar una soba!
BARRENDERO. (Mu tranquilo y encogiéndose de hombros) Por mí vale, pero te advierto que vas a sufrir.

(Comienzan a jugar. El BARRENDERO parece que ni se inmuta, mientras que el CABO suda y aporrea el mando con las manos tensas y los dientes apretados).

ADOLFO. ¡Venga, Cabo! ¡Muéstrele el valor de un soldado!
LUIS. (Con desprecio) Y el pelota este… Eso es pa que luego te dé ración extra de chocolate blanco, ¿verdad?
ADOLFO. (Ofendido) Si tú prefieres seguir comiendo papas con grillos, allá tú.
CABO. (Harto) ¡¡¡Shhhhhhhh!!! ¡Como no os calléis os vais a tragar las guardias de medio regimiento!
JAVIER. (Por lo bajo a ADOLFO y LUIS) Más vale que se calléis, que cuando le entra el complejo de bibliotecario… (Sombrío) No quiero ni pensar en tener que dormir otra vez al raso… (Se estremece) Si eso sucediera… me tiraría por la ventana nada más llegar a casa.
LUIS. Pero si vivimos en un bajo.
JAVIER. (Indeciso) Eh… bueno… ¡po entonces me pego porrazos con los barrotes de la ventana hasta que se me salga el bulbo raquídeo, y luego me echo alcohol en la brecha!
ADOLFO. (Complacido) ¿Ves? Eso ya es un poco más estético.

(Al poco, el BARRENDERO comienza a tomar el control del partido, y a arrinconar al equipo del CABO en su propio campo).

PEDRO. (Riendo a carcajadas y con recochineo) ¡Jojojojo! ¡Hostia, Cabo! ¡La que te ha dao ahí, pare!
CABO. (Muy nervioso y agresivo) ¿Te quieres callar ya, cerdo desertor? ¿No ves que me desconcentras?
ANDRÉS. ¡Illo, illo, illo, que se cuela hasta la cocina!

(El BARRENDERO inicia una incursión en el área con Eto’o, ante la pasividad de la defensa merengue del CABO).

TODOS. (Al unísono y expectantes) Uy… uy… uy… (Con gran estruendo y aspavientos) ¡¡¡¡¡GOOOOOOOL!!!!!

(La MANADA DE JIPIS aplaude entusiasmada mientras el BARRENDERO lanza besos al aire. El CABO se tapa la cara con las manos, ardiente de rabia. El jaleo llama la atención del EMPERADOR, y éste se acerca al grupo, que sigue festejando la hazaña del BARRENDERO).

EMPERADOR. (Con aire de superioridad) ¡Bah! Vulgares gentes, que con el zafio espectáculo diviértense, y que, en escandaloso griterío, tal sin par burda y barriobajera jerigonza despliegan durante su absurdo festejo.
ANDRÉS. (Con un tono mezcla de aburrido y mosqueado) Ea, ya está aquí el triste figura este…
BARRENDERO. Bah, déjalo, que está estreñío.

(El CABO se incorpora de repente, con la vena marcada en la frente a causa de la furia. Tira el mando al suelo y se pone a hacer aspavientos de coraje).

CABO. (Gritando furioso a la MANADA) ¡¡Malditos desgraciados!! ¡¡Sois una vergüenza para mi escuadra!! ¡¿Cómo es posible que os rindáis tan fácilmente al enemigo?! ¡¡Me dais asco!! ¡Esta noche no se cena! ¡Y ahora todo el mundo a… a… a fregar los platos!

(Todos comienzan a murmurar y protestar. JAVIER saca una cuchilla y comienza a cortarse las venas).

BARRENDERO. Pero córtatelas en vertical, que si no, no funciona.

(Coge la cuchilla de JAVIER y comienza a cortarse, enseñándole. JAVIER asiente con aprobación).

PEDRO. (Con desprecio) Vaya panda de emos fracasados.

(La MANADA y el CABO se preparan para partir, pero el EMPERADOR los detiene).

EMPERADOR. (Grandilocuente) ¿Cómo? ¿Sin de mí despediros váisos? Los enseres gastronómico-culinarios para otra ocasión dejad, pues para esa tarea desempeñar ya están mis 100.000 criadas, venidas de las escuelas-taller de toda la provincia de Sevilla. Las sus vuesas mercedes a otros más importantes menesteres dedicaros podéis. En exemplo… ¿masturbáisme?

(Todos cruzan sus miradas. Unos con semblante de alarma, otros de incredulidad, otros de asco).

BARRENDERO. (A un soldado) A ver, tú, ve y me traes el chorizo de cantimpalo que tengo en la despensa…
EMPERADOR. (Excitado) Mmmm…. nunca había probado un chorizo de cantimpalo como juguete… ¿Me enseñarás a usarlo?
BARRENDERO. Pues no, la verdad es que iba a poner unas tapitas pa esta gente. Pero si quieres autocomplacerte, detrás de la puerta tienes el escobón.
EMPERADOR. (Desencantado) Bah, pobre patán… ¿no comprendes que el acto coital sin calor humano no es sino una vulgar interpretación del placer? (Comienza a adquirir un semblante triste. A punto de llorar) ¿Acaso no me queréis? ¿Qué es la vida sin amor? ¿Por qué he de sufrir yo esto? ¿Cuándo se va a ir Lopera? La existencia ya no tiene sentido para mí.
JAVIER. ¿Te cortas las venas con nosotros?
LUIS. ¡Dejarse ya de hacer morcillas con vuestros brazos y alegrad los caretos! Os propongo que nos vayamos todos a echar unos futbolines. ¿Qué os parece?
CABO. ¡Magnífica idea! ¡Venga, yo invito y tú pagas!
LUIS. (Entre dientes y furioso) ¿Por qué no podría meterme por una vez la lengua en el culo?
BARRENDERO. Y además, iremos contando mentiras tralará.

(Comienzan a irse, y mientras tanto van cantando).

BARRENDERO. El Tussam viene tempraaano, el Tussam viene tempraaano…
TODOS. El Metro ya está acabado, tralará… el Metro ya está acabado, tralará…

(Se van y el lugar queda vacío y silencioso. Tras un instante, aparece en escena ARRABAL dando tumbos. Lleva una botella de whisky en la mano y está borracho perdido).

ARRABAL. ¡Shhhh! ¡Callad ya! (Calla un momento) ¡Hablemos del milenarismo, cojones ya! Estamos hablando del Apocalipsis y hablemos del milenarismo… (Hablando con suavidad) El milenarismo va a llegaaar…

(Aparece SÁNCHEZ DRAGÓ, corriendo y buscando a ARRABAL como un loco. Cuando lo encuentra se va hacia él. Lo sujeta por un brazo y le habla con tono tranquilizador).

SÁNCHEZ DRAGÓ. Fernando, estás borracho, creo que…
ARRABAL. (Soltándose y haciendo aspavientos) ¡Déjame hablaaar! (Con un sonido muy sibilante en la pronunciación de las “S”) ¡Se deja hablar a la minoría si… si… sil… silen.. silenciosa! La minoría silenciosa es católica, fea y sentimental.
SÁNCHEZ DRAGÓ. (Cogiéndolo de nuevo y conduciéndolo) Fernando, deja ya la tontería esa, que tú no vas a montar ninguna secta. Recuerda que sólo eres un escritorcillo del tres al cuarto.

(Comienzan a alejarse lentamente. Mientras, van hablando).

ARRABAL. Todos los españoles están a favor de mí, amigo mío…
SÁNCHEZ DRAGÓ. ¡Pero si tú eres de Marruecos!

(Abandonan la escena. Cae el

MANTEL DE COCINA
(porque no había dineros para un telón)

  • Myriam

    Después de hacer tela de tiempo que no lo leía, de nuevo me he hartao de reír. La verdad que para hacer algo así hay que tener esa peaso de imaginación, más que merecido el 10!! 😉 Saludos.

    PS> Tanto liarme y dejarme con la intriga…Si es que te veía venir…jejeje:P

  • Vázquez

    JAJAJAJA, Buenísimo!!! Genuino, tío, tu estilo es único. JAJAJAJA

  • Bueno Jesu, tú ya sabes mi opinión de cuando leí esta obra, pois ná, no se mieocurre cuimásdichere.