Tengo días de lluvia, la manta de tu abrazo
y los diálogos de todas las películas
que aún no me he aprendido de memoria.
Tengo un filtro de sueños en las fotos
de un joven periodista que ya apenas conozco.
Tengo todo un muestrario de cuadernos en blanco
para guardar el sol de un día cualquiera,
y el manuscrito de aquella vieja historia
con personajes huérfanos de un fin.
Tengo un reloj que da la hora de São Paulo,
un zorro de peluche que habla en sueños
y los mundos que pinta Nujabes en su música.
Tengo un parchís, mis dados y un juego de piratas
que imponen su codicia en el Mediterráneo
o acaban con sus huesos en galeras.
Tengo el polvo en mis discos de vinilo,
las veinte mil fronteras de mi mapa del mundo,
un huerto con macetas y una bici
que abre nuevas sendas. Tengo este gato chino
que convoca a la suerte con costumbre abnegada
y otros cinco que velan mi desvelo
en madrugadas de café y teclado.
Tengo una deuda en páginas aún vírgenes
con Vargas Llosa, Tolkien, García Márquez,
Chaves Nogales, Kapuscinsky y Auster.
Tengo en la voz la herencia de mis padres,
la perfección de su acento, palabra del Sur.
Tengo el calor de octubre, un balcón con vistas
a un trigal siempre verde, un sol de medianoche
y la mitad del cielo que no cabe en tu risa.
Aún tengo unos escombros de otros tiempos,
legado inerte de una muerte en vida,
como reliquias fúnebres de una edad olvidada.
No sé darles sentido ni valor
pero ayudan a hacer este inventario,
este poema alegre que canta lo que tengo,
mi colección de esencias, sencilla y minuciosa,
que repaso a diario y custodio y defiendo
por si algún día arrecia la tormenta.

14-X-2019

[Música: Late Night Alumni – Sun space]