sevilla report | Temeridad es, como mínimo, la principal cualidad de todo aquel que se decide a salir a la calle en Sevilla antes de las 20.00 cuando a partir de mayo empieza a apretar la calor y los 4o grados no remiten hasta entrada la noche.

Quizá mucha gente los llame temerarios, no sólo por haberse reunido en la tarde de ayer desde las cinco de la tarde al pie de las setas para preparar las pancartas de la manifestación de hoy, sino por llevar un año al pie del cañón del 15M, organizando y llevando a cabo acciones, protestas y planes de futuro un año después de la eclosión espontánea del movimiento, como las mismas setas.

Lo primero que sentimos al llegar fue la necesidad de preguntar a alguien por qué habían quedado tan temprano, con tanta calor. “Eso digo yo”, nos respondió uno de los voluntarios. Sin embargo, cuatro horas después, a las nueve de la noche, todavía quedaban por terminar varias pancartas, precisamente las mayores.

“Llevo una hora haciendo manitas”, nos contaba otra muchacha que estaba sentada en el suelo entre botes de pintura y paletas con colores morado, negro y verde. “Parece que esto se hace en un momento, pero tiene un trabajazo”, confesó.

Pero, para su suerte, no estaban solos. Muchos viandantes se paraban a contemplar el trabajo y a preguntar para qué eran las pancartas. Algunos se sumaban de forma espontánea, hasta el punto de que varios niños se unían como si de un taller de manualidades se tratara, bajo la mirada complacida y absorta de los padres.

Ni la calor ni la prohibición de acampar mañana en las setas decretada por la Subdelegación del Gobierno en Sevilla han achicado el ánimo de los voluntarios encargados de las pancartas. No sabemos si la manifestación será un éxito de asistencia y repercusión o no, pero lo que es indudable es el entusiasmo y el buen hacer de los que trabajan para ponerla a punto.

Las pancartas han dormido esta noche con la misma impaciencia que los que las han realizado ante la cita de esta tarde. Dentro de hora y media, la Plaza de España comenzará a recibir gente que abarrotará las calles de Sevilla. Así, al menos, lo esperan ellos. Entonces no sólo gritarán las gargantas. También lo harán muchos cartones y sábanas que son ahora una voz de palabras indelebles que el viento no puede llevarse.