Ernest Hemingway, escritor y periodista estadounidense conocido, entre otras cosas, por su afición a las fiestas de San Fermín, hubiera parafraseado y adaptado a nuestra ciudad la famosa cita de Obélix el Galo -“estos romanos están locos”- si hubiera podido levantar la cabeza para presenciar el encierro de esta mañana en la Plaza Nueva.

No faltó una persona, ni un detalle. Allí estaban a las diez y media, como un clavo, los policías-mozos con los pañuelos colorados del Sindicato Profesional de Policía Municipal de España (Sppme) y los periódicos enrollados. No tardó en llegar la Charanga del Pirata, y con un “música, maestro” comenzó el baile y la fiesta.

Pero faltaba alguien por llegar. Aquél a quien habían venido a hacer la ofrenda. San Alfredín, el santo “patrón de los incumplimientos”, como rezaba un improvisado escapulario en su hábito, llegó acompañado por la hermana Sor Nevada “La Tacaña”. Justo detrás, cerrando el cortejo, los tres maestros que iban a lidiar a dos peligrosos astados: Recortao (el del recorte a los funcionarios) y Malpagao (el del pago de la productividad). Eran algo más de las 11, y los policías-mozos hicieron sonar el petardazo -primo sevillano del chupinazo- con el que daba comienzo el encierro.

“San Alfredín, venimos a pedirte, por favor, nos pagues lo que nos debes…”, cantaban los mozos enfervecidos delante del patrón. El portavoz de los policías, Manuel Bustelo, se refirió a “los continuos incumplimientos” del Ayuntamiento respecto a “los acuerdos que tenemos firmados desde el año pasado” y antes, en los que “no sólo se recogen “cuestiones económicas”, sino también otras relacionadas con “medios, instalaciones o vestuario”. Tener “el culo plano después de tantas reuniones”, como dice Bustelo, explica que sus muchachos acuedieran al encuentro del santo cantando aquello de ”a Plaza Nueva hemos de ir, pa que nos pague, pa que nos pague… a Plaza Nueva hemos de ir, pa que nos pague San Alfredín”.

Mientras, los toros Recortao y Malpagao hacían de las suyas entre el gentío. Aunque los tres maestros, con el Niño de la Pipa -de extraño pero, obviamente, casual parecido con el teniente de alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos– como cabeza de cartel, intentaban torearlos, finalmente quedaron desbocados y los mozos acabaron corriendo un encierro sin incidentes y con mucha guasa por toda la Plaza Nueva y por una calle Sierpes convertida por un momento en la Estafeta de Sevilla. Seguro que Hemingway hubiera disfrutado de lo lindo viendo a estos sanfermines desde la terraza del Bar Laredo.