En esta última semana hemos tenido dos acontecimientos que han causado revuelo en los círculos periodísticos y más allá de ellos. El primero de ellos fue la muerte de Daniel Jimeno durante uno de los encierros de San Fermín. El otro saltó en la mañana de ayer, a raíz de un tuiteo de Luis Rull: la negación de Techcrunch de publicar algunos documentos confidenciales de Twitter que han caído en sus manos.

Estos dos hechos, más que otra cosa, han puesto en cuestión los derechos y deberes no sólo de los periodistas, sino también de los blogueros, en tanto que informadores en potencia y de facto. ¿Es ético e incluso legal publicar la foto de un joven medio desangrado o un documento confidencial de una empresa?

Sobre la foto de Daniel se ha dicho de todo. Nacho de la Fuente, por ejemplo, se sorprendía de la cantidad de portadas (23 en total) que publicaban la foto el día siguiente del suceso. Opiniones, para todos los gustos. Destaco un par de ellas (no hay ni espacio ni ganas para ofrecer más enlaces): la de Javier Barrera, a favor, y la de Sonia Blanco, en contra.

La discusión, básicamente, ha tenido como epicentro la disyuntiva entre publicar una imagen impactante y sangrienta o no hacerlo. Antes que nada, habría que preguntarse si es una imagen relevante, algo que convertiría su publicación en “un retrato de la realidad tal y como es”, en palabras de Barrera.

No obstante, si fuera irrelevante, como defiende Sonia, estaríamos incurriendo no sólo en un amarillismo flagrante -algo de lo que muchos, con excesiva ligereza, han acusado a los medios que han publicado la foto-, sino incluso en un delito contra la propia imagen del mozo fallecido.

El remate llegó cuando la familia de Daniel pidió a los medios que se abstuvieran de publicar más imágenes de su hijo desagrándose. Aquí hay un dilema mayor. No sólo habría que tener en cuenta esa posible violación del derecho a la propia imagen, sino que el periodista o editor debería sopesar también su propia ética.

Recuerdo que una redactora del diario donde estaba yo de prácticas fue a cubrir el caso de un joven fallecido tras una pelea en la Feria de Sevilla. Los padres le pidieron que no publicara la foto del muchacho. La redactora se debatía entre hacerlo o no, porque sabía que todos los demás diarios la iban a publicar sin pensárselo. Yo le dije que no la publicara, si así se lo habían pedido los padres. Entonces ella me dijo, en un tono severo:

Somos periodistas, no hermanitas de la caridad.

Por tanto, ¿hay que respetar la intimidad y la imagen del fallecido y la voluntad de sus padres, o hay que hacer caso omiso de todo eso y publicar la foto?

Algo similar sucede con el caso de TechCrunch y Twitter. Por lo que cuentan en el blog, alguien llamado Hacker Croll atacó varias cuentas importantes en Twitter y extrajo multitud de documentos confidenciales, los cuales posteriormente hizo llegar por correo a los redactores de TechCrunch. Éstos afirmaron que la mayoría de la información corresponde a datos personales y laborales de empleados de Twitter, y no publicarán nada de ello.

No obstante, sí publicarán otras informaciones relativas al servicio de Twitter. Y ya lo han hecho, una y dos veces. Numerosas personas pensaron que no debían publicarlos, pero en el blog se escudan en que es información “para nosotros no es más que noticias”.

Desde el punto de vista legal, aunque no hay duda de que la información es robada -lo cual es más grave en un caso de datos confidenciales-, los blogueros de TechCrunch estarían, supuestamente, exentos de culpabilidad si se publica alguno de estos datos, ya que es ilegal romper el secreto, pero no publicar la información, y no han sido ellos quienes han la han robado.

No obstante, y aunque no fueran culpables de robar información secreta, nos queda la duda de si esta información es relevante públicamente o no -yo no se la veo por ningún lado-. Si no lo fuera, ¿estarían amparados por la libertad de información en caso de publicar algún dato confidencial? Y aun estando amparados legalmente, ¿es ético publicar informaciones confidenciales de una empresa, por el simple hecho de conseguir más notoriedad o lectores, sabiendo además que dicha información ha sido obtenida de forma ilegal, y sabiendo que dicha publicación legitima el conseguir información de manera ilegal?

Kialaya hace un interesante análisis del asunto, sopesando las posibles posturas y supuestos, y llamando a la reflexión. Desde aquí queremos invitaros a lo mismo. ¿Qué pensáis vosotros?