El silencio y el sol de media tarde,
el alma envuelta en terciopelo púrpura,
rodeada de incienso y de claveles.
Las marchas y el olor del azahar
y el recuerdo de tardes ya lejanas,
de madrugadas muertas en el tiempo.
El camino hasta el pueblo por el puente
que pasa sobre el puerto, hasta las cruces
que esperan apoyadas en una sacristía.
La nostalgia y la pena, en lo más hondo
del alma, siempre dentro, como la penitencia.

1-IV-10

  • ¡¡¡Me encanta este poema!!! El final es genial.

  • Muchas gracias, Adaldrida. Me alegro mucho de que te guste. Todavía hay que darle un par de buenos repasos, pulirlo, darle vueltas. A ver si sacamos algo aprovechable.

    Gracias por la visita y por los comentarios. 😉