• 19/09/2015

[Texto original publicado en sevilla report el 11-11-13]

Tres niños juegan a la pelota en una de las plazas de Tres Barrios

Tres niños juegan a la pelota en una de las plazas de Tres Barrios; una estampa cada vez menos común en las calles de Sevilla

Texto | J. Cerero / A. Mejías / J. Rodríguez / G. Verdugo
Fotos | A. Mejías / J. Rodríguez

Todavía hoy juegan los niños en las plazoletas de Tres Barrios-Amate. Más de medio siglo después de su construcción, sus calles continúan emanando vida por cada uno de sus rincones. Este barrio obrero, de viviendas estrechas y angostas escaleras, ha cambiado poco en su fisonomía desde entonces. Las primitivas calles de albero, protegidas por marmolillos para que no las invadieran los coches, fueron asfaltadas durante la primera reurbanización. Así desapareció lo que hasta ese momento había sido el patio de juegos de la chavalería. A día de hoy, la barriada sigue con la misma insuficiencia de espacios públicos e idéntica problemática de viviendas infrahumanas.

Ya no existe aquella periferia industrial de los comienzos, que daba trabajo a buena parte del vecindario. Las fábricas se marcharon en la década de los 70 y la crisis empujó a los vecinos a buscar tajo allende sus fronteras. El éxodo trajo consigo una importante transformación poblacional. Los nuevos residentes procedían de asentamientos chabolistas y su escasa experiencia de vida en bloques de viviendas con comunidades de vecinos provocó los primeros problemas de convivencia.

En la década posterior, el terremoto de la droga hizo el resto. El barrio se vio obligado a retornar a sus orígenes de comunidad luchadora y solidaria, de vecindario participativo que peleaba por su futuro amparado en la protección que ofrecían las parroquias. Comenzaron las primeras movilizaciones por los problemas que acarreaba la plaga narcótica, más por las consecuencias que conllevaba que por las causas que la provocaban.

Hoy, tantos años después, todavía hay cosas que permanecen inmutables. Como la sensación general de pertenecer a una isla anclada en la periferia de Sevilla, cuya frontera está delimitada por el antiguo cauce del Tamarguillo, hoy convertido en ronda. También el carácter luchador de sus habitantes originarios y de una generación más joven que ha decidido pelear por el barrio que los vio crecer. Y que los niños vuelven a jugar en las plazoletas, mientras sus madres vigilantes conversan sentadas en los bancos.


La de la ropa tendida en los balcones sigue siendo una estampa común en algunos vecindarios de Sevilla, como Tres Barrios

La de la ropa tendida en los balcones sigue siendo una estampa común en algunos vecindarios de Sevilla, como Tres Barrios

Elisa Montero es jefa de estudios del CEIP Candelaria desde 2007. Ha vivido siempre en un barrio colindante, Rochelambert, y ha sido testigo de primera mano de su evolución a lo largo del tiempo. “Empezó siendo un barrio obrero, con gente trabajadora, y luego comenzó a venir gente de fuera y a empeorar. Luego vinieron inmigrantes y empeoró aún más”, relata. Echa en falta más labor social, porque “estamos viendo unos índices de pobreza que son alarmantes y te entran ganas de llorar cuando ves algunos casos”.

Para Fernando Armas, voluntario de Cáritas en la Candelaria, “el barrio tiene ya cierta solera y la gente está muy apegada”. Aunque con los movimientos poblacionales ocurridos en los últimos años “ha llegado gente nueva que no tiene tanto arraigo”. “Hay muchas familias gitanas que se han ido de las Tres Mil Viviendas por temas de conflicto y muchos son encantadores”. Sostiene que si la gente arraiga es posible que el barrio sobreviva y destaca la labor de la gente mayor: “son los que más luchan; lo hicieron por un centro de salud, por el asfalto. Es una generación que ha tenido que luchar por todo y eso se nota”.

El trasiego de población en el barrio es uno de los principales obstáculos que señalan los colectivos para la solución de los problemas de la zona. Según los datos de un estudio coordinado por Vicente Manzano-Arrondo, profesor del Departamento de Análisis Estadísticos de la Universidad de Sevilla, la gente vive en el barrio un promedio de entre 23 y 26 años. Al éxodo de jóvenes—según el Boletín Demográfico de Sevilla de 2004, el 75% de la gente joven y en edad de trabajar abandona el barrio— hay que sumar una importante entrada de población foránea.

A pesar de este trasvase poblacional, los autóctonos “tienen su propia forma de pensar y de vivir”, explica José María Segura, director ejecutivo de la ONG Doukonia, dedicada a trabajar con personas mayores. “Estos tres barrios tienen un microcosmos propio”, asegura, aunque opina que el barrio no corre peligro de convertirse en un gueto porque “no es hermético, es fácil entrar y salir, pero que ellos quieran salir de ahí es distinto”.

“Hubo una época muy mala en la década de los 80”, cuenta Jorge Palma, profesor de secundaria que colabora en la asociación Solidaridad Candelaria. “Los niños —recuerda— no podían salir a la calle y cerraron casi todos los comercios; se vendía mucha droga y los niños veían a la gente morirse en las calles con la jeringuilla enganchada en el brazo”. Sin embargo, confiesa que “ahora el barrio es mucho más diverso que antes. Hay gente de todas las culturas y, si eso se articula bien, éste puede ser un barrio cultural y humanamente muy rico”.

Este jardín de infancia, abandonado a su suerte en la calle Estornino, es una muestra de la escasez los recursos para educación que sufre Tres Barrios

Este jardín de infancia, abandonado a su suerte en la calle Estornino, es una muestra de la escasez los recursos para educación que sufre Tres Barrios

La depresión actual está ahondando los graves problemas y carencias que arrastra Tres Barrios desde hace décadas. “Esto ya no es crisis, esto raya la miseria”, sostiene María José Herranz, de la Asociación Juvenil Candelaria. A ello hay que sumarle “la sensación de que están a la deriva”, algo que hace mella en la población del barrio, porque “parece que están vencidos de antemano”.

Frente a este sentimiento de abandono, los habitantes de la zona han mantenido la red de ayuda mutua que comenzaron a tejer hace lustros para salvarse del abismo de dificultades. Herranz recalca que, a pesar del paso de las generaciones, “sigue habiendo solidaridad”. De hecho, afirma, “con la cantidad de problemas y la mezcla de gente diferente que hay, es impresionante cómo la gente convive en paz y colaborando unos con otros”.

Un factor importante en esta red de ayuda es la propia familia. Según Fernando Armas, voluntario de Cáritas Parroquial de La Candelaria, “las pensiones ahora mismo están salvando a mucha gente: de la paga de un abuelo vive el hijo y el nieto casado que vive en otro lado va a comer”.

Sin embargo, otras tradiciones del barrio, como la lucha vecinal, no se han mantenido de la misma manera. Herranz asevera que “la gente no ve la realidad o no quiere verla”, y por eso “cuando se sale a la calle cuesta mucho que la gente salga”. Es el escollo en el que pone el acento Julio Prieto, psicólogo de la asociación contra la drogadicción DESAL, quien opina que “la falta de un tejido vecinal unido en las reivindicaciones de forma constante hace que esto no avance”.

Esta dolencia puede explicarse con los datos del profesor Manzano-Arrondo: casi la cuarta parte de las personas que transitan por el barrio no encuentran nada positivo en él. Herranz ve que “la gente está muy desanimada y la ilusión se está perdiendo porque son muchos años escuchando lo mismo; es como el enfermo crónico que acepta su enfermedad y la considera normal”.

El lamentable estado de las viviendas es uno de los problemas más acuciantes de Tres Barrios; la solución, encarnada en el plan de reconstrucción de parte de la barriada, lleva años postergándose y nunca acaba de llegar

El lamentable estado de las viviendas es uno de los problemas más acuciantes de Tres Barrios; la solución, encarnada en el plan de reconstrucción de parte de la barriada, lleva años postergándose y nunca acaba de llegar

Un plan insuficiente

El plan municipal para la rehabilitación de las viviendas de Tres Barrios lleva anunciándose desde 2006. Tras más de un lustro de espera, el edificio puente que alojará a los vecinos de los bloques que se vayan reformando por fin estará concluido a finales de este año, según el Ayuntamiento.

Los vecinos ven esta medida necesaria pero son escépticos respecto a su incidencia en el resto de problemas del barrio. “Hay un importante problema de fondo a nivel cultural y sociológico que no es el de las viviendas, ni mucho menos”, afirma José María Segura, de Doukonia.

Según un informe del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía elaborado en 2002, el 99,5% de los edificios de Tres Barrios-Amate son de uso residencial. El 80% de las viviendas tienen entre 30 y 60 m2, y el 51%, menos de 45 m2. El reducido tamaño de las casas y pisos es la causa de que el índice hacinamiento en la zona sea del 13,2%, muy superior al 2,1% de media en la ciudad.

Las construcciones residenciales del barrio cuentan con importantes carencias. El 93% no dispone de ascensores, algo que se agrava porque en ese porcentaje habita el 75% de la población de más de 65 años. El número de hogares de Tres Barrios-Amate que cuenta con problemas de limpieza también supera la media de Sevilla, un 63% frente al 43% de toda la ciudad.

La calle Candelera, en Tres Barrios

Víctimas del abandono institucional

La acuciante situación de Tres Barrios desde la década de los 70 ha recibido una espiral de silencio y olvido como respuesta por parte de las administraciones. Julio Prieto lamenta que “este barrio lleva tres décadas deteriorándose y es por la dejadez política; somos el cuarto trastero donde se coloca lo que no se quiere ver o mostrar, donde están los problemas que no interesa solucionar”.

La principal muestra de esta dejadez es que el Plan Integral para Tres Barrios-Amate, elaborado en 2009 por Cáritas Diocesana en colaboración con el resto de colectivos sociales de la zona, aún no ha sido puesto en marcha. El Ayuntamiento lo aprobó en su día, pero la Junta todavía no ha hecho lo propio. La aplicación de este plan podría equiparar la situación de Tres Barrios con la de otras zonas como las Tres Mil Viviendas, con problemas similares pero mucha más atención y recursos de las instituciones públicas. Hasta tal punto que Prieto afirma que “estamos clasificados como Zona de Exclusión Social y la atención política es peor que en barrios que no tienen esa condición”.

Elisa Montero, jefa de estudios del CEIP Candelaria, cree que el Plan Integral permitiría contar con la figura de un comisionado como el que existe en el Polígono Sur, donde “tienen una estructura creada y los avances que se pueden hacer son muy efectivos”, mientras que “aquí está en proceso de crearse”. Además, resalta un factor “fundamental” de las Tres Mil Viviendas que no existe en Tres Barrios: “los maestros que trabajan allí lo hacen en comisión de servicios, quieren estar allí; aquí contamos con el personal que nos llega y rezamos por que quiera implicarse”.

La falta de equipamientos e infraestructuras básicas es otra de las consecuencias del olvido al que la administración somete al barrio. Según María José Herranz, “llevamos años reivindicando un centro cívico donde la gente pueda reunirse y realizar actividades, o una biblioteca”. Su compañero en la Asociación Juvenil Candelaria, Francisco José Chacón, reclama también instalaciones deportivas. “Entrenamos gracias a que los colegios nos ceden las instalaciones; en Su Eminencia hay un pabellón cubierto, aquí no hay ni intención de ponerlo”, asegura.

Muchos vecinos, sobre todo jóvenes, sienten que existen barreras invisibles que les impiden salir del microcosmos de Tres Barrios

Muchos vecinos, sobre todo jóvenes, sienten que existen barreras invisibles que les impiden salir del microcosmos de Tres Barrios

Contar con este tipo de espacios supondría que las asociaciones y colectivos dejaran de depender de la Iglesia, la única institución que cede locales para desarrollar distintas actividades. “Retrocedemos a los años 70, cuando teníamos que ampararnos en las parroquias del barrio”, cuenta Salvador Muñiz, presidente de la Asociación de Vecinos Tres Barrios.

La situación se agrava debido a que son las asociaciones y colectivos sociales los que suplen esta desidia de las instituciones públicas. En opinión de Fernando Armas “las administraciones han delegado sus funciones en otras entidades”. De hecho, Muñiz asegura que “la Unidad de Trabajo Social (UTS) nos manda a nosotros la gente, en vez de ser al revés”.

Pero, como reconoce el presidente de la Asociación de Vecinos, la limitada capacidad de estos colectivos supone un nuevo obstáculo. “Estamos desbordados, hay muchas personas que no saben por dónde tirar”. Incide en ello Julio Prieto cuando afirma que “estamos dando una cobertura por encima de nuestras posibilidades, porque las necesidades en estos últimos años han aumentado de manera considerable”. Desde su punto de vista, “sin entidades sociales en el barrio se hubiera producido hace tiempo un estallido social, ya que las situaciones se están volviendo dramáticas”.

A pesar de ello, la necesidad obliga a la sociedad civil a salir a flote por sí misma, como expone Jorge Palma: “lo que el Ayuntamiento no aporta intentamos resolverlo nosotros”. En definitiva, “lo que estamos haciendo es una forma de autogestión del barrio”.

Los ancianos cada vez tienen más peso en Tres Barrios, tanto en porcentaje como por el importante sostén que suponen para los hijos y nietos que regresan a sus antiguos hogares derrotados por la crisis

Los ancianos cada vez tienen más peso en Tres Barrios, tanto en porcentaje como por el importante sostén que suponen para los hijos y nietos que regresan a sus antiguos hogares derrotados por la crisis

Rompiendo las redes de ayuda

La atención social en Tres Barrios ha decaído como consecuencia de la crisis y los recortes presupuestarios que se han llevado a cabo. La única nota positiva en este ámbito es el traslado de la Unidad de Trabajo Social desde la calle Lisboa, a casi un kilómetro del barrio, al edificio anejo al mercado de La Candelaria. “Era una reivindicación muy legítima porque el 90% de los usuarios de esa unidad eran de aquí”, asegura María José Herranz.

Los miembros de los colectivos sociales resaltan que la inversión ha quedado reducida a solucionar la más básica de las necesidades: la comida. Julio Prieto critica que “en vez de patrocinar iniciativas que generen empleo entre personas necesitadas les alimentan perpetuando su situación de dependencia, mientras que los que gestionan los comedores reciben subvenciones”.

El psicólogo de DESAL explica que “los comedores sociales empezaron siendo totalmente voluntarios y se están convirtiendo en centros donde se colocan laboralmente a las personas que los gestionan”. Fernando Armas aclara que no hay comedores sociales en el barrio, sino un cátering donde se reparte comida preparada. Cuestiona la medida porque “si una familia no tiene recursos, dale los ingredientes para que se haga su propia comida; ser pobre no quiere decir que no se sepa cocinar”. Además, incide en que “hay unas quejas tremendas porque la comida es incomestible y además el trato que se da a las familias deja mucho que desear”.

José María Segura, de la ONG Doukonia, pone de relieve el deplorable panorama de los servicios sociales en la zona. “No hay fondos para ayudar al barrio y en la propia UTS los trabajadores tienen la amenaza de que igual desaparecen”, explica. Todo esto, según él, se traduce en que “lo que impera ahora mismo es la desmotivación”.

La crisis es un fantasma que convive con los vecinos de Tres Barrios desde hace más de tres décadas

La crisis es un fantasma que convive con los vecinos de Tres Barrios desde hace más de tres décadas

La pandemia del paro

Desde que en la década de los 70 se desmanteló el cinturón industrial que rodeaba a Tres Barrios, que daba trabajo a muchos de sus habitantes, el desempleo se ha convertido en una lacra constante. La crisis actual ha disparado los índices. Según el Diagnóstico de Territorios Desfavorecidos de Sevilla, por cada 10 parados en toda la ciudad, en el barrio hay 18.

Gran parte de la población activa de Tres Barrios pertenece a oficios relacionados con la construcción, como albañiles o fontaneros. En los años del boom del ladrillo “había dinero”, asegura José María Segura, de Doukonia. “También había más alegría en el tema de la droga y veías que niños que empezaban a trabajar llevaban coches de 20.000 o 24.000 euros”. Cuenta que entonces “era fácil conseguir el dinero, pero ha habido grandes consecuencias: nóminas que están embargadas todavía o pagas de mayores que han avalado a los hijos y a los nietos y también están embargadas”.

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha arrastrado a toda esta población a las listas del paro. Ahora, según Fernando Armas, “los que trabajan lo hacen en la economía sumergida, la venta ambulante y cosillas que van saliendo y con las que la gente se va buscando la vida”. La oficina del Servicio Andaluz de Empleo del barrio, sostiene, “es la segunda de Andalucía y, teniendo en cuenta que dentro de la zona que abarca la peor es Tres Barrios-Amate, eso quiere decir que también es la que tiene más paro de España”.

Como en el resto del país, los jóvenes se llevan la peor parte. “No tienen alternativa, la calle es lo único que tienen”, afirma Segura. También incide en ello Salvador Muñiz: “el 70% de los chavales está en sus casas, en las esquinas, paseándose”. Los talleres de formación laboral que existían en la zona han desaparecido o sufrido importantes recortes. Según Julio Prieto, “los tres que había el año pasado los cerraron”. Los gestionaba Sevilla Global, ente municipal dilapidado por el Gobierno de Zoido.

Entre 2011 y 2013, el presupuesto destinado a la Escuela Taller de Tres Barrios-Amate ha descendido un 90%. El único proyecto de formación laboral que se mantiene activo en la zona es el Taller de Empleo Amate, que en estos dos años ha sufrido un recorte de más del 17%.

La inversión total del Ayuntamiento en proyectos laborales, cofinanciados con la Junta de Andalucía, ha pasado de los 2,7 millones de 2011 a algo más de 700.000 euros en 2013. Por su parte, la aportación del Gobierno autonómico, de 5,5 millones en 2011, bajó hasta los 600.000 euros el año siguiente y creció a 4 millones en el presente ejercicio.

El sambenito de las drogas

En Tres Barrios-Amate, los indicadores sociosanitarios están en rojo desde hace bastante tiempo. La esperanza de vida en el barrio es, aproximadamente, cinco años menor que en el resto de la ciudad, y se sitúa a la cabeza de los índices de mortalidad por enfermedad y de años potenciales de vida perdidos. En este apartado, el influjo de la droga y el alcoholismo es decisivo.

La Asociación DESAL lleva 23 años dedicada a la prevención de las drogodependencias y a la atención del toxicómano en la zona. “La droga es un negocio muy rentable para quien lo controla, los bancos reciben con los brazos abiertos las cantidades ingentes de dinero que genera”, cuenta Julio Prieto, su psicólogo. Para él, “muchas familias venden droga porque no tienen otra forma de generar recursos o porque no tienen escrúpulos”; a pesar de que “en los 80 las drogas fueron devastadoras y se llevaron una generación entera, ahora el paro está provocando un nuevo repunte”.

Fernando Armas, de Cáritas de La Candelaria, explica que “la venta de droga se concentra en una zona y la gente joven se familiariza con eso”. Afirma que no ha percibido que de momento vaya mucho peor, pero sí ha notado un considerable incremento en la adicción al alcohol. “Muchas de las separaciones en las familias se producen por problemas de drogas y alcohol; hay muchas mujeres separadas sin ingresos, cuyos maridos estaban trabajando y han empezado con el alcohol o la droga porque los han echado, a veces con problemas de malos tratos o violencia familiar”, cuenta. En su opinión, este problema es más una consecuencia de la situación que están viviendo que una causa.

Un solar es el resultado del plan de construcción de VPO en Tres Barrios, que debería haber concluido en 2012

Un solar es el resultado del plan de construcción de VPO en Tres Barrios, que debería haber concluido en 2012

José María Segura, de Doukonia, sostiene que “rara es la familia que no está salpicada con alguien que está metido en el mundo de la droga”. “Para ver que tanto la venta como el consumo es muy alto nada más que hay que darse un paseo por el barrio”, asevera. Para Salvador Muñiz, de la Asociación de vecinos Tres Barrios, “el problema está más solapado, pero hay, porque la gente tiene que vivir de algo”.

La incidencia de esta plaga en los niños “no se ve tanto como antiguamente”, a juicio de Luis Gómez, secretario del CEIP Candelaria. Su compañera Elisa Montero argumenta que “si lo hubiera, nosotros lo detectaríamos, porque todo lo que hay aquí nos lo cuentan ellos”. En su opinión, las familias están más involucradas en el tráfico que en el consumo de drogas.

Además, Armas destaca que el barrio sufre un “clarísimo” problema de salud que “es otra medida del bienestar y de la pobreza”. Señala que la gente, sobre todo los mayores, viven encerrados en los pisos porque no pueden bajar por la inexistencia de ascensores. La propia idiosincrasia de las viviendas se convierte en un problema de salud “porque son muy viejas y se producen fugas en los salideros de agua en bloques que carecen de agua entrante y la higiene es muy baja”. No sin cierta tristeza confirma que “el índice de suicidios en la zona es el más alto de toda Sevilla”.

Un microcosmos en el centro de Sevilla

Una de las palabras más utilizadas por los entrevistados a la hora de definir la situación social del barrio es “microcosmos”. María José Herranz, de la Asociación Juvenil Candelaria, sostiene que el entorno de Tres Barrios-Amate “es un círculo vicioso que crea desarraigo, porque el éxodo forzado impide la renovación del tejido social”. Para Luis Gómez, la rueda de los roles “se está rompiendo por todos lados; muchas de las ayudas que daban antes ahora no las dan y la gente está indefensa porque no saben rellenar papeles”. Afirma que “para ellos es como una meta: cuando sea mayor tendré una paga, como mi padre y mi madre, y viviré de esto”. “Tenemos ex alumnas que ya las ves y son como abuelas y tienen 20 años: se quedan atrapadas en el microcosmos de aquí”, concluye.

Otro de los factores determinantes en la configuración sociológica del barrio es la fuerte incidencia de la desestructuración familiar. En palabras de Elisa, jefa de estudios del CEIP Candelaria, “no hay estructuración familiar, aquí la familia base es muy variada: puede ser hijos que viven con abuelos, niños cuyos padres se han desentendido y están en acogida con tías, madres solas, padres solos… la referencia familiar de ellos es la desestructuración”, concluye. En el barrio existe un índice de monoparentalidad del 2,8%, superior al 1,7% de en toda Sevilla, algo que se une al predominio de familias con un número de miembros mayor que la media de la ciudad.

Un padre cabizbajo, junto a su hijo, en un parque de Tres Barrios

Un padre cabizbajo, junto a su hijo, en un parque de Tres Barrios

José María Segura explica que los jóvenes están acostumbrados “a un ritmo de vida y a unas costumbres concretas y no se plantean mucho más allá”. “Hay una cultura tan impregnada en ellos que lo que han ido haciendo durante los últimos años es lo que harán en los próximos”, concluye. Francisco José Chacón, de la Asociación Juvenil Candelaria, es tajante cuando alude a este problema: “cada niño tiene una historia y una papeleta en su casa —cuenta—; vemos muchos patrones de repetición en las niñas, madres muy jóvenes que tienen hijas que también son madres muy jóvenes”. Para Julio Prieto, de la Asociación DESAL, el hecho de que la convivencia diaria esté marcada por el desempleo y la falta de esperanza entre los jóvenes determina que “en las relaciones de amistad y en las familiares aumenten los niveles de tensión y frustración que provocan situaciones de agresividad y hostilidad”.

Buena parte de los problemas del barrio están relacionados con el tráfico de drogas. Julio Prieto explica que “las familias narcotraficantes se adueñan de pisos vacíos, tienen armas y no dudan en utilizarlas para defender sus intereses”. Todo esto ocurre mientras, según él, “la Policía y las autoridades no atajan las situaciones delictivas que están destruyendo estos barrios”. Para Fernando Armas, de Cáritas Candelaria, este tipo de situaciones quedan restringidas en “tres o cuatro zonas un poco más conflictivas o donde se junta cierto tipo de gente”, aunque recalca que “para la situación que se está viviendo, poca delincuencia hay”.

Los mayores también atraviesan una situación muy precaria. Carlos Infante, de la Asociación Parroquial de la Tercera Edad Blanca Paloma, señala que las familias que han acogido de nuevo a los hijos que en su día se marcharon “no quieren hablar mucho, pero algunos nos cuentan que tienen en su casa a su hijo, la nuera y dos nietos viviendo”. Según José María Segura, la población mayor de 60 años puede alcanzar entre el 40 o 45% del barrio y “se encuentra en una situación bastante precaria por todo lo que ahora mismo están viviendo”.

“Nosotros tenemos pendiente repartir la segunda fase de los alimentos de Cruz Roja y son 368 familias, mil y pico personas”, relata Salvador Muñiz, presidente de la asociación de vecinos. “Le hemos pedido una reunión a las eléctricas para decirles que sean un poquito sensibles con esta zona”, aclara para referirse a los problemas con el suministro eléctrico, algo ya demasiado frecuente entre las familias. Sin embargo, se muestra orgulloso de que en tan precarias condiciones la solidaridad florezca entre los vecinos. “Yo he visto aquí a personas que han venido a recoger alimentos y me han dicho que su marido está echando unos días de trabajo y que le diera la bolsa a su vecina porque no está cobrando nada”.

Fernando Armas incide en este aspecto de la convivencia vecinal al decir que “no hay un deterioro en cuanto a las relaciones sociales, sino al revés, muchas veces aparece la solidaridad entre las familias, entre los vecinos, para ayudarse”. De hecho, afirma que le resulta “admirable que no se deteriore más la convivencia y las relaciones, aunque sigan existiendo minorías que son problemáticas, sobre todo por asuntos de tráfico de drogas”.

A ello hay que sumar las acciones que parten de la iniciativa ciudadana. Prieto destaca que “los vecinos, con la ayuda de las entidades de la zona, estamos continuamente generando ideas y proyectos para paliar la situación de necesidad”. La mayoría de ellas “con mucha imaginación y pocos recursos” y todas “insuficientes”. También recalca el apoyo que han recibido en diferentes ocasiones por parte del movimiento 15M, que “ha participado en muchas de nuestras acciones de protesta”. Algo que ratifica Salvador Muñiz al explicar que “cuando nosotros hemos hecho reivindicaciones, ellos han venido y nosotros, cuando ha habido que apoyar algo, lo hemos hecho con nuestra presencia”.

La Asociación para la Tercera Edad Blanca Paloma es el único refugio de actividad y lugar de reunión, en varios kilómetros a la redonda, con el que cuentan los mayores de Tres Barrios

La Asociación para la Tercera Edad Blanca Paloma es el único refugio de actividad y lugar de reunión, en varios kilómetros a la redonda, con el que cuentan los mayores de Tres Barrios

Algo más que un colegio

Los colegios de Tres Barrios han reforzado su papel como una de las patas fundamentales en las que se apoyan sus habitantes. En una zona donde la acción de las asociaciones vecinales y los distintos colectivos sociales tiene tanto peso, los centros de enseñanza han pasado de ser instituciones meramente educativas a desempeñar una importante labor social.

La crisis de décadas que sufre el barrio se lleva por delante la educación de sus menores. El nivel de absentismo ha supuesto desde entonces una de las principales lacras de Tres Barrios. La tasa de menores sin escolarizar duplica la media de la ciudad; en el caso de Los Pajaritos, la cuadruplica. Los niveles de absentismo oscilan entre el 25% y el 35% según el centro, y el índice de fracaso escolar supera el 20%.

En los últimos años se ha conseguido una notable reducción del número de menores fuera del sistema educativo. En parte debido a que los servicios sociales obligan a los padres a escolarizar a sus niños para tener derecho a ayudas, pero sobre todo gracias a la aplicación de distintos protocolos y planes de prevención durante los últimos años.

A pesar del efecto que, poco a poco, van teniendo estas iniciativas, la dirección del CEIP Candelaria lamenta que las medidas para combatir el absentismo no se apliquen con la diligencia y efectividad necesarias. David Vidigal, su director, explica que “en el centro se cumplen muy rápido las pautas que hay que seguir pero una vez que la documentación sale es todo muy lento y llega un momento en que el niño ha llegado a secundaria y no está en edad obligatoria de escolarización”.

Este “exceso de burocracia” provoca situaciones absurdas, como la que expone Luis Gómez, secretario del colegio. “Teníamos un niño que literalmente estaba abandonado e iban a quitar la custodia a sus padres desde que tenía seis años; el niño tiene ya 17 años y le van a quitar la custodia a él mismo, cuando tenga 18”.

Vecinas de Los Pajaritos, una de las barriadas de Tres Barrios

La incidencia de la crisis ha supuesto que los padres tomen conciencia de la importancia de que sus hijos asistan al colegio. El motivo, en parte, es la estima que las familias han ido desarrollando hacia los docentes, no sólo en el ámbito educativo sino también como personas que ayudan al barrio a salir del atolladero. Elisa Montero, jefa de estudios del Colegio Candelaria, asegura que “si nos limitáramos a atender a las familias como en centros de zonas más normalizadas, aquí no venía ni el gato”. Ejemplos de ello son que los administrativos del centro ayudan a los padres a cumplimentar documentos de servicios sociales o que el director llama personalmente a las familias para hacerles llegar la situación de los trámites del bono de comedor.

“Las familias no ven la necesidad del colegio como lugar de formación, sino que llevan a los niños porque confían en los maestros que les han ayudado cuando ha hecho falta”, explica Montero. “De venir padres cabreados a echarnos una bronca a venir gente pidiéndonos ayuda como si fuéramos sus amigos”, afirma.

Para los docentes del Candelaria, la implicación tanto del profesorado como de las familias es básica para la educación de los niños y la mejora del barrio. Este año, este colegio quiere empezar a funcionar como comunidad de aprendizaje. “Eso implica una mayor participación de las familias en el centro, un mayor conocimiento, con lo cual las enganchas a un proyecto educativo y a la vez trabajas con ellas”, asevera David Vidigal.

Los niños son el espejo en el que los profesores ven algunas de las principales carencias del barrio, como el hambre. Elisa Montero asegura que “somos conscientes de que hay niños que no están comiendo, al menos el desayuno”. “A una niña de siete u ocho años se le había estropeado el desayuno y vino a ver si teníamos algo, y le dimos un plátano; se le puso una sonrisa en la cara que nos empezamos a reír por no llorar. Eso se llama hambre”.