Me enteré anoche por Juan Blanco y no pudo darme más rabia. Mentiré si digo que no llevaba tiempo esperando con angustia esta noticia. Todos andábamos con las orejas tiesas, sobre todo desde que nombraron director a Diego Suárez. Y en la redacción llevaban mucho tiempo con el runrún de la sospecha. Pero no por eso ha dejado de ser un palo enterarme de que van a despedir a más compañeros del diario en el que he pasado seis meses ya no de mi corta carrera periodística, sino de mi vida, y que además es el decano de la prensa de Sevilla.

Creo que con lo que ha dicho Juan en su entrada, poco hay que añadir. Pero entre todas las cosas que dice hay una que me duele especialmente.

Lo dije en su día, y hoy he elevado el tono: me parece obsceno que desde la dirección del periódico se jacten de haber dado el salto al 100% color -por mucho que se reduzca en paginación– justo antes de que se produzcan nuevos despidos. Es como lo de celebrar el 110 (sic) aniversario, y de resaca, un ere.

Cuando Juan Carlos Blanco, director adjunto del diario, anunció en twitter los cambios más recientes, a mí, aparte de como apuestas para mejorar la cabecera, me sonaron a una respuesta al rumor (o al menos supongamos, o sigamos suponiendo, que sólo es eso) de que El Correo y el Diario de Sevilla iban a fusionarse.

Aunque Juan Carlos, en respuesta Juan Blanco y Christopher Rivas, dijo otra cosa muy importante y significativa: hay que innovar y apostar. Precisamente lo mismo que yo le pedí, pero respecto de lo mejor en lo que puede invertir un diario: sus profesionales.

Pero el problema de El Correo es el mismo de todas las empresas periodísticas: que quienes dicen que saben que hay que apostar por un buen equipo de profesionales que hagan buen periodismo e innovar en los formatos, las narrativas y la forma de llegar a las historias (apoyar a esos estupendos redactores de la web, de lejos la mejor de toda la prensa local), los que saben que ésta es la única forma posible de salvar un diario porque es la única forma posible de que esté relleno de buena información y buenas historias, que es lo que quieren los lectores, los que son conscientes de ello están atados de manos.

Me consta de Diego y de Juan Carlos que son unos excelentes profesionales y maravillosos compañeros y personas. No cabía en mí de alegría cuando supe que ellos tomarían el timón de El Correo, y fui a la redacción a felicitarlos. Pero lamentablemente no son ellos quienes toman las decisiones. Los que deciden en los diarios son personas que no tienen idea de periodismo, directivos ciegos que creen que un diario es una fábrica de azulejos, que la solución para que la gente lea el periódico es poner colorines a las páginas como si fuera solería de cuarto de baño.

Eso pasa, y no es la primera vez que lo vemos, cuando se compra un diario para satisfacer caprichos personales y usarlo como ariete de otros negocios. Pero levantar y dirigir medios de comunicación no es jugar al Infopoly, y la información no es un juego, sino todo lo contrario. Es como el agua: un bien necesario para la sociedad pero, por desgracia, cada vez más escaso y, para más inri, más contaminado.

Esta tarde, a las 18.00, hay una concentración en las puertas de El Correo, en el 39 de la calle Américo Vespucio, frente a la Facultad de Comunicación, en la Isla de la Cartuja. También hay convocada una huelga para los días de Feria (4, 5 y 6 de mayo) y las elecciones municipales (20, 21, 22 y 23 de mayo).

Podéis seguir toda la información sobre esta convocatoria de huelga y todo lo relacionado con este nuevo ERE en el blog del Comité de Empresa de El Correo y en su perfil en Facebook.

TODOS CON EL CORREO

¡NO MÁS DESPIDOS!