J. Cerero / J. Rodríguez / G. Verdugo | “En la Transición hubo que traer a un experto extranjero para que diera clases de poda a los jardineros municipales tras las protestas ciudadanas por las mutilaciones más que podas que practicaban a los árboles”. La anécdota la cuenta Manuel Jesús Florencio en uno de sus artículos y refleja a la perfección la caótica situación que ha atravesado desde siempre la conservación y mantenimiento de patrimonio verde de Sevilla.

Lo ocurrido en Almirante Lobo es sólo un ejemplo más. Muchos sevillanos desconocen que ésta no es la primera ni la segunda vez que ocurre algo así: desde el mes de noviembre pasado se han producido siete talas de este tipo en distintos barrios. Teniendo en cuenta que tanto los expertos en arbolado como los propios políticos dicen que cortar el árbol es siempre la última opción, esta forma de actuar, de “cortar por lo sano” —nunca mejor dicho—, es una prueba más de un problema que viene de lejos.

La privatización progresiva del servicio de Parques y Jardines en los últimos años, que comenzó Monteseirín y ha aumentado con Zoido, no ha supuesto una mejora en la calidad del servicio, sino más bien todo lo contrario. A raíz de la adjudicación del macrocontrato de 48 millones para el mantenimiento y conservación de las zonas verdes y el arbolado de la ciudad, adjudicado por el alcalde en septiembre de 2012, esta evidencia se hecho más patente todavía.

La llegada del Partido Popular ha supuesto una ampliación en las hectáreas mantenidas por el Ayuntamiento de Sevilla. Ahora son casi el doble que en la época de Monteseirín: 879,5 frente a 473. Sin embargo, el reparto de tareas entre las contratas y el personal propio de Parques y Jardines inclina aún más la balanza hacia el lado de la privatización. El porcentaje de zonas mantenidas por operarios municipales ha descendido del 17% al 11% —a pesar de que han rescatado el Parque de los Príncipes debido al calamitoso estado en que lo dejó la contrata responsable—, mientras que las gestionadas por las empresas concesionarias han pasado del 83% al 89%.

Las consecuencias de este “desmoche” del servicio municipal de Parques y Jardines se han visto reflejadas a nivel presupuestario. En el período comprendido entre 2011 y 2014 las partidas destinadas a dicho servicio se han incrementado un 123%, sobre todo por el aumento del 145% —de 5,4 a 13,2 millones— en el dinero disponible para externalizar este tipo de trabajos.

Estas decisiones han supuesto la disminución del personal dedicado al mantenimiento y cuidado de las zonas verdes, que ha sido cuantificada en un 40% por parte de los sindicatos. A ello hay que sumarle la falta de control sobre el trabajo que efectúan las contratas, algo de lo que ya informó sevilla report en noviembre de 2012 y que permitiría conocer si se cumplen las condiciones establecidas en los pliegos.

Además, se ha producido un incremento del malestar ciudadano provocado por las podas mal efectuadas y el mantenimiento insuficiente. Esta situación ha puesto en entredicho la profesionalidad de los técnicos responsables del servicio; los políticos han aprovechado la oportunidad para descargar en ellos la responsabilidad y evitar rendir cuentas ante los ciudadanos.

Lo que se ha hecho público hasta el momento del caso Madeja pone sobre la mesa una evidente contradicción: los técnicos que deben controlar el trabajo de las empresas privadas son, a su vez, los encargados de valorar las ofertas que se presentan, como reconoció en su día Maximiliano Vílchez. La jueza Alaya vio en esta contradicción la fuente de una posible connivencia entre ambos actores a cambio de dádivas en metálico o en especie. Para más inri, fuentes internas del servicio aseguraron a este medio que los inspectores están prácticamente relegados de sus tareas, lo que propicia que se den este tipo de situaciones anómalas.

Otro de los focos de debate es la idoneidad de usar plátanos de indias en una ciudad como Sevilla. Algunos expertos aprueban su uso, siempre que se les provea de un adecuado mantenimiento; otros, como José Elías, que ha estado 49 años al frente del servicio de Parques y Jardines, sostienen que esta especie es desaconsejable por su propensión a sufrir enfermedades y plagas que provocan el desprendimiento de ramas, así como a la suciedad que desprenden.

En declaraciones a El Correo de Andalucía, Elías apostó por sustituirlos por otras especies autóctonas como el almez. El ex responsable del servicio reconoció que un alto porcentaje de los plátanos de sombra de la ciudad “están enfermos”. Pero también lamentó la ausencia de una política municipal de cuidado del arbolado “desde siempre” y echó en falta la elaboración de un plan específico para ello, algo de lo que ya alertó en un informe emitido nada menos que en el año 2000.

El máximo responsable de todo este galimatías, al menos en la actualidad y en su calidad de Alcalde de la ciudad, es Zoido. En primer lugar porque aseguró que ese modelo de gestión —el macrocontrato con empresas privadas— era la solución a todos los males endémicos del mantenimiento de los jardines y árboles de una ciudad que tanto los necesita. Además, Zoido prometió en campaña electoral que no se talaría un solo árbol sin su permiso expreso y que se incrementaría el arbolado viario, se realizarían actuaciones de mejora de las zonas verdes.

Ramas abandonadas en la acera por operarios de una contrata tras una poda de árboles en Los Remedios

Ramas abandonadas en la acera por operarios de una contrata tras una poda de árboles en Los Remedios

Su respuesta ante la polémica suscitada por las diferentes talas de arbolado que se están llevando a cabo ha sido la de irse por las ramas. Si se repasan una a una las excusas esgrimidas para justificar lo ocurrido en Almirante Lobo se puede comprobar no sólo que ha ido cambiándolas a su antojo y sin criterio alguno, sino que son del todo absurdas.

Una de ellas es que los árboles imposibilitaban la visión de la Torre del Oro desde la Puerta de Jerez, razón por la cual se vería obligado a talar media Sevilla. Otra, que los ejemplares estaban enfermos y que eran insalvables para evitar caídas que pusieran en peligro la seguridad ciudadana. Como refleja la prensa local de estos días, diferentes expertos han manifestado que esta justificación no tiene base científica, ya que si el árbol se encuentra enfermo existen otros procedimientos antes de uno terminal como la tala. Alguno de ellos incluso ha reseñado que una poda de mantenimiento inadecuada puede ser la causa de enfermedades innecesarias en los árboles y que en el caso de los de sombra “se están maltratando de forma sistemática”.

Otra de las excusas esgrimidas ha sido que los ejemplares tenían las raíces enroscadas en las tuberías y canalizaciones, algo que cuesta creer cuando justo al lado se hizo un aparcamiento subterráneo y no se detectó ese problema ni se taló ningún árbol, siendo de la misma especie que los ejecutados en Almirante Lobo.

Ante la presión ciudadana, Zoido optó por poner la pelota en el tejado de los funcionarios de Parques y Jardines, afirmando que no ha hecho sino ejecutar lo que le dicen los técnicos en los informes. Y eso que dijo que iba contar con los funcionarios durante su campaña electoral. Los sindicatos no se han hecho esperar para criticar públicamente que el alcalde ponga en duda la profesionalidad de los funcionarios.

Además, fuentes internas del servicio aseguran a este medio que la orden proviene de Vílchez “como mínimo”, y que ningún técnico por su cuenta puede ordenar una tala en un informe “porque rodarían cabezas”. Dichas fuentes son tajantes al afirmar que tanto el jefe del servicio como el director de Medio Ambiente “cumplen órdenes” que vienen directamente de arriba y aseguran que “cortar un árbol siempre es la última solución; antes, hay otras”.